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THE ANGEL,S SHARE:LOACH, LAVERTY Y LAS SEGUNDAS OPORTUNIDADES

Título original:The Angel,s Share
Dirección:Ken Loach
Guión:Paul Laverty
Reparto:Roger Allam, John Henshaw, William Ruane, Daniel Portman, Paul Donnelly, Lorne MacFadyen, John Joe Hay, Siobhan Reilly, Barrie Hunter, David Goodall, Jim Sweeney, Gary Maitland, Lynsey-Anne Moffat, Finlay Harris, Nick Farr, Scott Kyle, Jasmine Riggins, Gordon Taylor, David Graham, Roderick Cowie, Fernando Velasquez, Lynsey Lawrie, Robert J. Goodwin…
Música:George Fenton
Fotografía:Robbie Ryan
Género:Drama, comedia
Año:2012
País:Reino Unido
Duración:106 minutos
Calificación:PG13
Productora:Entertainment One / Sixteen Films / Why Not Productions / Wild Bunch
Distribuidora: Alta Films

Sinopsis:En Glasgow, Robbie, un joven padre de familia, no logra escapar de su pasado delictivo. Se cruza en el camino de Rhino, Albert y la joven Mo cuando, como ellos, evita por poco la cárcel recibiendo a cambio una pena de trabajos sociales forzados. Henri, el educador que les han asignado, se convierte entonces en su nuevo mentor y les inicia en secreto en el arte del destilado y la cata de whisky. Entre destilerías y sesiones de degustación junto con la clase alta del país, Robbie descubre que tiene un auténtico talento como catador, y rápidamente es capaz de identificar las cosechas más excepcionales, caras y…provechosas. Robbie tiene que decidir si transformar este don en una estafa, apoyado por sus tres compañeros. ¿Será esta una nueva parada en su vida de delitos y violencia o, por el contrario, conseguirá aprovechar la oportunidad y labrarse un futuro nuevo, lleno de promesas? Solo los ángeles lo saben…

Ken Loach siempre me ha parecido un cineasta similar a Oliver Stone, por proponer un símil contemporáneo. Ambos profesan amor eterno al cine militante, de guerrilla, aquel que pretende encender la apagada y acomodada llama de la revolución. Los dos usan el séptimo arte como medio mensajero de sus panfletos (dicho esto sin ningún animo de desprestigiar) políticos, ideológicos y personales. De hecho, se les suele acusar de no hacer películas, sino más bien clases de historia peligrosamente pedagógicas. La diferencia entre el inglés y el norteamericano reside en que el autor de Wall Street 2: Money Never Sleeps (2010) deja a un lado su vertiente política para parir obras de puro entretenimiento sin más, como puedan ser Savages (2012), Any Given Sunday (1999) o The Doors (1991). En el caso de Loach, esto no es posible, ya que incluso sus comedias versan sobre la diferencia de clases, el maltrato a los débiles o hechos históricos de gran calado dramático. En esta ocasión, como ya hiciera en su reciente film co-protagonizado por el genial futbolista francés Eric Cantona, Looking for Eric (2009), opta por la comedia como modo de expresión, sazonada por el inseparable drama que impregna la mayor parte de su filmografía. Loach nos habla de las segundas oportunidades, de su validez, de su justicia y de su razón de ser. ¿Merecemos todos una segunda oportunidad? ¿Es realmente posible hacer borrón y cuenta nueva, sean cuales sean nuestras acciones pasadas? ¿Está preparada la sociedad para, no solo perdonar, sino para olvidar? El director de The Wind that Shakes the Barley (2006) opina que si, y lo hace de manera un tanto general, simplista e ingenua. Apenas existen momentos reflexivos o de lucha interna de nuestro protagonista, Loach casi nunca busca (igual considera que no hace falta) el contrapunto a sus acciones ni se esfuerza por contrastar el presente mediante otros puntos de vista. Esto da lugar a un retrato algo descuidado y demasiado sencillo del drama que conlleva saber que solo un palmo separa la vida y la muerte del personaje principal, en caso de que este intento desesperado por cambiar no de resultado. Una segunda oportunidad debe nacer, en primer lugar, de nosotros mismos, a través de una feroz autocrítica y la eliminación radical de caretas de autodefensa. Aceptación, perdón a uno mismo siendo consciente de la maldad o equivocación de nuestros actos, dejar atrás el pasado para no hundirse en él, responsabilidad interna en la gestión de los necesarios cambios para avanzar y flexibilidad con las personas que nos rodean, ya que ellos también estarán sometidos a un proceso evolutivo y de adaptación a causa nuestra. Estos son algunos de los pasos básicos para iniciar una nueva vida (sobre todo interior) y para construir un personaje creíble, humanizado, que provoque la suficiente empatía como para seguir queriendo ver y oír su historia. El realizador británico solo cumple un par de ellos permitiendo que, desde ese momento sepamos que estamos presenciando un film amable que no pretende introducirse en el fango psicológico de una persona, sino simplemente contarnos una historia entretenida, algo muy loable también, por cierto.

El problema reside en que Paul Laverty, autor del libreto, utiliza ciertos trucos narrativos para agilizar la trama y lograr de manera algo más directa la empatía del espectador con el protagonista. En la maravillosa y durísima Tyrannosaur (Paddy Considine, 2011), se nos presenta al personaje interpretado por el enorme Peter Mullan borracho, amargado, solitario y acabando con la vida de un perro (no es spoiler, son los primeros tres minutos de la película). Considine se enfrenta así a una audiencia asustada y alerta ante la brutalidad del que va a ser su acompañante durante la próxima hora y media. Es decir, no juega a componer una persona, simplemente la presenta como es y nos deja claro a las primeras de cambio su naturaleza agresiva y su falta de compasión, cosa que puede cambiar o no a lo largo del metraje. Sin embargo, en The Angel´s Share, Laverty manipula a sus anchas la escritura para presentarnos a Robbie como víctima del sistema y de un ambiente marginal, un antihéroe al que le han tocado malas cartas en la vida que merece toda nuestra compasión para, acto seguido, mostrarnos las crueles consecuencias de sus actos incívicos de un pasado reciente. Hasta aquí bien, nada que reprochar. Pero la decepción (por lo menos para mi) es mayúscula cuando vemos que esa larga secuencia no es más que una condescendiente palmadita en el hombro de Robbie, un “aquí no ha pasado nada” que apenas tiene repercusión en una trama que seguiría inalterable si dicha secuencia se hubiera quedado en la sala de montaje. Obviamente, funcionará con gran parte de los espectadores (si no no lo hubiera llamado truco narrativo), pero repito, carece de sentido cuando su impacto en la historia venidera es nulo. Esa es la diferencia entre Tyrannosaur y The Angel´s Share. La primera apuesta fuertemente por poner a prueba a su público mientras que la segunda se conforma con que sigan queriendo a su protagonista, no vaya a ser que la incisión en el drama se convierta en una criba psicológica. Esto mismo separa a The Angel,s Share del inconfundible cine de perdedores que tan bien representaba John Huston. Esa falta de valentía es lo opuesto a lo mostrado por Huston en Fat City (1972), Moulin Rouge (1952) o The Asphalt Jungle (1950), donde no había lugar para el maniqueísmo ni la manipulación emocional. Huston es, por lo tanto, un referente de base para Loach, pero ni mucho menos de forma y fondo cinematográfico.

Uno de los puntos fuertes del film es la brutal crítica indirecta (y digo indirecta porque ni Loach ni Laverty parecen interesados en lo más mínimo en desarrollarla) que se vierte sobre la sociedad de nuestros días y la arbitrariedad de nuestro comportamiento. Por partes. En esa búsqueda incesante de las segundas oportunidades de Robbie, se nos presenta de pasadas un dilema traumático referente a la importancia del entorno en nuestro crecimiento, desarrollo y evolución como personas. Es decir, ¿Por qué somos como somos? ¿De verdad podemos decir que somos así por nosotros mismos? ¿Somos auténticos? ¿Cuánta parte de responsabilidad tiene la sociedad y el entorno en nuestra forma de pensar, actuar y razonar? Realmente nunca lo sabremos pero si podemos hacernos una idea con el panorama representado en el film. El futuro del hijo de Robbie y su pareja es verdaderamente incierto. Tiene todos los números para acabar siendo un don nadie, un ser sin objetivos, drogadicto y desempleado. La batalla entre Robbie y los padres de su pareja por él tiene una única víctima:él mismo. Su futuro está en otras manos, en gente que le quiere pero cuya ceguera moral puede condenarle antes de nacer. ¿Cómo se lucha ante esto? ¿Qué culpa tenemos nosotros de que nuestra madre se casará con un hombre equilibrado o con un borracho despreciable? Ninguna. Y esa arbitrariedad, esa influencia indirecta, esas casualidades extremas y esas decisiones que todos toman menos nosotros es lo que realmente da miedo, el verdadero drama que podemos extrapolar de la película a nuestras vidas. Como también lo es el hecho de que, en la generación del monstruo televisivo Jersey Shore, totalmente alejado de la realidad y devorador de cerebros de millones de jóvenes de todo el mundo (como la mayoría de los realities actuales), nuestro protagonista no sueñe con hacerse rico, salir en televisión o viajar por el mundo ligando sin parar. Él sueña con lo más básico para un ser humano:un trabajo para mantener a su familia. En pleno Siglo XXI el bien más preciado del hombre es el empleo, en lo que se puede interpretar como una dolorosa vuelta a los orígenes de la humanidad, donde el alimento era la ocupación principal y elemento indispensable para sobrevivir. En la era del (supuesto) bienestar, donde la tecnología impone las normas y el consumidor las acata, la cruel realidad es que gran parte de la población ocupa su mente con la idea de conseguir trabajo y comida para su familia, para subsistir únicamente, sin ningún tipo de lujos o influencias superficiales de la sociedad. Esta muestra de involución que, con la actual crisis, podemos contemplar en nosotros mismos o en nuestros vecinos, da lugar a una sublevación sigilosa de la clase trabajadora contra las clases altas, como Loach y Laverty muestran al final del film. No hay esperanza para para las clases bajas sin lucha, sin usar las mismas armas ilegales que los poderosos emplean contra ellos:la extorsión, el chantaje, el soborno…todo lo que se encuentre fuera de la ley.

En lo puramente cinematográfico, Loach y Laverty vuelven a rendir pleitesía al característico cine social británico aunque, como dije antes, otorgándole un mayor protagonismo a la comedia que a la crítica, constructiva o destructiva. Obras modernas como Full Monty (Peter Cattaneo, 1997), The Snapper (Stephen Frears, 1993), Bloody Sunday (Paul Greengrass, 2002) o This is England (Shane Meadows, 2006) combinan de manera brillante comedia y drama (quitando Bloody Sunday, desgarradora de principio a fin), equilibrando de manera sutil ambos géneros sin llegar a decantarse en ningún momento por ninguno. Esto es uno de los principales fallos de The Angel,s Share. La historia inicial, que ocupa el primer acto y el principio del segundo, deja su espacio en pantalla para otra totalmente diferente y, lo que es peor, lo hace de forma abrupta, sin ningún tipo de transición ni suavidad. Al no contar con ninguna clase de aviso previo, el espectador aguarda impaciente la continuación (o como mínimo, el cierre) de dicha historia, teniendo que acostumbrarse nuevamente casi desde el principio, al nacimiento de una nueva trama, mucho menos atractiva que la original y bastante más superficial. Es cierto que potencia aún más si cabe la comicidad mostrada por el grupo de perdedores pero pasar de Sweet Sixteen (Ken Loach, 2002) a Ocean,s Eleven (Steven Soderbergh, 2001) es una conversión excesivamente radical como para que la trama no sufra. La excesiva cantidad de tiempos muertos producido por el cambio de género ahoga sobremanera los esfuerzos de la narración por aportar tensión de thriller y hace que, inevitablemente, nos preguntemos que habrá sido de la sugerente historia inicial. En fin, una película para no exigir mucho, donde la totalidad de los intérpretes están estupendos y de la cual podemos sacar algunas reflexiones dependiendo de nuestro grado de implicación con el film. No es que se preste mucho a ello, pero ahí están, para el que las sepa/quiera ver.

Nota:6/10

Autor:@Jlamotta23

  • Jimena Mazucco

    Muy buena crítica.
    Yo creo en las segundas oportunidades.
    Iré a ver la película.

  • AlegriaDeLaHuerta

    Una comedia un tanto “desangelada”, como dices bien, si uno quiere profundizar en el tema ahí tiene caldo, pero se lo tiene que hacer cada uno. Me han gustado tus reflexiones. Soy fan del cine social de Loach e intento no perderme ninguna, porqué me gusta que haya gente que nos explique historias reales, problemas reales, situaciones reales… Aquí el punto de partida es de este tipo, el desarrollo whiskero quizás menos pero de eso se vale para llevar la historia a un punto más cómico. De qué sirven tantas persecuciones, explosiones, efectos 3D vertiginosos si con una simple bodega en la oscuridad estás temiendo el momento en el que todo va a ir a peor. Una mezcla de cine social con entretenimiento, quizás la nota final no sobresalga mucho, y “Buscando a Eric” fuera más alocada, pero bueno, ahí está, una más de Loach, esta vez las segundas oportunidades.