HAPPY HOUR. Leave the message and fuck up
Benjamín Villeda es un explorador del cordón umbilical que existe entre la audiencia y la imagen impuesta, o al menos eso dice su biografía en su sitio web. Y él mismo dice, en el blog que escribe su Alter Ego, que su cortometraje “Happy Hour es la historia de Utah, un bartender atrapado en una difícil rutina personal a altas horas de la noche.”
No sé cuál me cae mejor, si Benjamín Villeda o su alter ego. El segundo tiene líneas deliciosas en sus textos: ”No tengo nada en contra de las relaciones serias. Mientras yo no esté involucrado en una de ellas.” Sin palabras. Otra que aún no logro descifrar por completo, o quizás no desee soltar demasiado mi imaginación para descubrir su verdadero sentido, es ésta: “lo que me incomoda de la tanga no es su diseño sino el encaje. Me roza.” También cuenta verdades sobre los hombres y las mujeres, especialmente sobre las mujeres: “el problema con las mujeres es que cuando dicen “no” en realidad quieren decir “sí”, pero aún no lo saben.” Y uno va comprendiendo cómo opera la mente de Benjamín, y cómo logró dirigir un cortometraje tan “humano”, cuando lee completa una de sus pequeñas historias:
“Un hombre muy sabio me dijo que para alcanzar la felicidad hay que encontrar a nuestra otra mitad. Matrimonio. Ese hombre casi muere de un infarto. Después, un hombre aún más sabio me dijo que «para qué te divorcias, lo mejor es una relación abierta». Unión libre. Ese hombre casi muere de celos. Uno más cabrón me dijo que «para qué la quieres sólo para ti, lo mejor es conseguir el amor sincero». Prostitutas. Ese hombre no estuvo cerca de la muerte pero sí gritaba de vez en cuando cada vez que orinaba.”
Después de ver Happy Hour ya no estoy tan seguro que siga funcionando la frase de Danny Trejo, interpretando a Turtle (Tortuga), en la serie de televisión Breaking Bad:
“Hay dos clases de hombres en este mundo, los que toman y los que sirven”.
Leave the message and fuck up.


